9 Sep 2019

LA VANGUARDIA, 9 septiembre 2019. Las grandes compañías energéticas tienen una veintena de inversiones en curso que suman 45.000 millones de euros en macroproyectos repartidos por el mundo. Sin embargo, la totalidad de ellos es incompatible con los objetivos fijados en los acuerdos de París que prevén limitar el aumento de la temperatura global del planeta dentro de los dos grados centígrados a lo largo de este siglo. Un problema geopolítico, para el medio ambiente, y también económico, para sus accionistas. Es lo que emerge de un detallado estudio elaborado por el gabinete de análisis Carbon Tracker la pasada semana. Con la cartera de inversiones prevista, la temperatura debería subir hasta los 2,7Cº con lo que, según los analistas, estos proyectos deberían replantearse para centrarse en otros menos costosos para que la rentabilidad, en el nuevo contexto climático, sea suficiente.

Hay firmas como Shell o Exxon que están involucradas en proyectos de exploración y extracción de hidrocarburos muy costosos, como los del Ártico y los de las arenas bituminosas (esencialmente Canadá) y crudos más pesados, como las aguas profundas en Angola o Azerbaiyán. Son inversiones que exigen mucho dinero y tienen un elevado coste medioambiental, porque para que salgan a cuenta las compañías tienen que esperar un fuerte consumo, en precios elevados (un barril de 80 dólares, ahora cotiza en 60) y que se cierre un ojo a nivel de regulación y se superen los límites del calentamiento del planeta.

Exxon es la compañía que tiene menos en cuenta la emergencia climática y la que más tiene que perder si la demanda de petróleo y gas cae debido a la política o a la tecnología, ya que más del 90% de su gran proyecto de oleoducto hasta el 2030 está fuera de los objetivos de París. De hecho, cuatro de cada diez dólares de esta empresa están invertidos en proyectos que no están en línea con los objetivos del clima y que no serían sostenibles en el mundo post-fósiles que se perfila en el futuro.

Pero todas las firmas energéticas tienen algún proyecto incompatible con los acuerdos de París. Ahora bien, es cierto que Estados Unidos, el país que cuenta con las petroleras más grandes, se ha retirado de dicho acuerdo. Esto significa que, en su territorio, las empresas no están sujetas a restricciones medioambientales a la hora de invertir en proyectos. Pero sí que lo están cuando deciden hacerlo en otros países que sí se han comprometido a cumplir los requisitos. “Más allá de lo que decida cualquier país, el riesgo para las compañías es que el mercado les castigue y esto supone un riesgo para sus accionistas”, comentan desde Carbon Tracker.

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