23 Sep 2019

ABC, 22 septiembre 2019. Vivimos tiempos de inquietud y zozobra en los que, impulsado también por los jóvenes, se ha extendido la opinión de que hemos abusado de la Tierra. Ciertamente esto es así si no establecemos condiciones rigurosas que vigilen la actividad del hombre en la extracción de los recursos naturales de nuestro planeta, no solo los relacionados con la cubierta vegetal y el suelo, sino en la parte que a los geólogos nos concierne, los ubicados en el interior.

Debemos tener en cuenta que de la Tierra tenemos una información indirecta de la composición y estructura de la capa más externa, la corteza terrestre, cuyo espesor representa tan solo el 0,5% del total del planeta. De esta capa, y más aún de sus primeros kilómetros, tenemos conocimiento a través de perforaciones aisladas que no cubren ni mucho menos la totalidad de la superficie terrestre, ni en sus dominios continentales ni en los oceánicos.

El hombre, con los avances tecnológicos desarrollados sobre todo desde mediados del siglo XX ha empezado a explorar la estructura y composición del subsuelo; aunque si evaluamos la distribución y profundidad de lo conocido frente a las dimensiones de nuestro planeta, nos damos cuenta de que nos queda mucho más por explorar. La dimensión de lo desconocido no suele ser tenida en cuenta por el hombre en el día a día, pero es fundamental para relativizar nuestra dimensión y el papel que podamos ejercer sobre la Tierra.

Los científicos dedicados a estudiar el interior de la Tierra somos profesionales que dedicamos esfuerzos para ampliar el conocimiento de los procesos geológicos. Nuestra labor de exploración se sustenta en la observación cuidadosa de las rocas en la superficie, así como de los sedimentos que tapizan los fondos oceánicos, y también en la interpretación de imágenes diversas que podemos adquirir del subsuelo. Son precisamente estas imágenes las que tras largos trabajos de interpretación, cálculos y estudio las que usamos para generar modelos de la estructura interna de la Tierra. Estos modelos son una aproximación a la estructura terrestre, no son nunca una certeza, porque nuestra ciencia es una ciencia empírica, basada en la observación y donde aprendemos también del error.

Nuestro trabajo y el estudio de estos datos persigue ampliar los límites del conocimiento básico pero también sustenta la búsqueda de recursos naturales, sean hidrocarburos o minerales. Estos recursos son fundamentales para el hombre, de ellos depende la sociedad actual y han permitido el avance histórico de la Humanidad.

Los países desarrollados dedican recursos, tanto humanos como económicos, para avanzar explorando nuevas áreas con potenciales recursos naturales en el subsuelo. En Europa, por ejemplo, existen países como Noruega o Reino Unido que exploran el subsuelo incluso en áreas con un alto valor medioambiental; y está establecido que una parte de la inversión privada realizada por las empresas revierta en el país, siendo utilizada para sostener la inversión pública del Estado, en servicios fundamentales como la sanidad o la educación universitaria.

En el extremo contrario puede encontrarse España, dado que la enorme carga burocrática que se impone en nuestro país a las actividades de exploración del subsuelo, o la variedad de administraciones con competencias para otorgar los preceptivos permisos, imposibilitan de facto la actividad o la continuidad de las exploraciones. Por no hablar de nuestra idiosincrasia que hace que la normativa de aplicación difiera entre comunidades vecinas o con las regiones marinas. El efecto final en España es que la inversión que podría proceder de la industria se desvanece o busca otros territorios. El impacto es no solo que perdemos la posibilidad de conocer el potencial de los recursos naturales o que no podemos desarrollar aquí la capacidad profesional de nuestros licenciados, sino que el país en su conjunto se contenta pasivamente con la importación de las fuentes de energía o las materias primas necesarias.

Debemos insistir finalmente en que no podemos garantizar que en un área existan determinados recursos a la profundidad y localización previstas. De modo análogo a que no podemos prever la textura o el sabor de una naranja antes de abrirla y probarla.

La inactividad, la inacción y la ausencia de actividades científicas de exploración del subsuelo nos abocan en España a perder capacidad de progreso y bienestar, alejándonos de los países en los que cualquier estudio geológico y geofísico se lleva a cabo cumpliendo escrupulosamente con todas y cada una de las medidas de preservación medioambiental.

Juan Ignacio Soto Hermoso es Catedrático de Geodinámica Interna en la Universidad de Granada

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