28 Nov 2019

EL MUNDO. 26 Noviembre 2019. En el pueblo de Sargentes de la Lora, en la provincia de Burgos, se encuentra el único campo de petróleo de la península. Tras su cierre en 2016, ha transformado el legado en atracción para el turismo.

En Sargentes de la Lora siguen recordando cada seis de junio. Aquel día de 1964 y tras muchos sondeos, el petróleo empezó a brotar del suelo. Era el milagro necesario en el momento más adecuado, así que los periódicos compartieron ese sentimiento proclamando que aquel páramo donde el silencio y el viento comparten protagonismo podría convertirse en el Oklahoma español. Finalmente, el sueño no llegó a ser el anunciado, pero al primero de los pozos con petróleo le siguieron 52 más que funcionaron las décadas siguientes. Hasta que en el año 2017, ya con el pulso débil, los últimos pozos dejaron de funcionar y Ayoluengo -uno de los pueblos del municipio de Sargentes- pasó a la historia como el único campo de petróleo de la Península Ibérica. La Lora es un páramo pedregoso a mil metros de altura y situado en el norte de Burgos. Alguna vez estuvo cubierta de árboles, pero la ganadería y agricultura la desnudaron, y su aspecto hoy es el de un lugar salvaje de vientos fríos donde crecen patatas, trigo y cebada. A lo lejos despuntan los Picos de Europa; de cerca, el testimonio de una historia singular.

En Sargentes añoran el sonido de los caballitos extractores, pues modificaron el ánimo y la esperanza de los vecinos. También el horizonte al que están acostumbrados y donde los últimos catorce balancines, los depósitos y los almacenes siguen anclados. Son el testimonio que perdura en el paisaje aunque la sombra del desmantelamiento pese sobre los restos de esta industria. Por ello, el ayuntamiento está embarcado en una batalla contrarreloj para que las instalaciones se mantengan y pueda atraer visitantes, pero también divulgar la historia y las enseñanzas entre escuelas y universidades. En el pozo número uno, sin embargo, hay otra forma de recordar que un chorro empapó los campos en aquel histórico día de 1964. Las cámaras captaron la exaltación y una de esas instantáneas se trasladó aquí en forma de silueta silueta metálica: un grupo de hombres celebrándolo y lanzando sus sombreros al aire.

Medio siglo de actividad petrolera tienen su máxima expresión en el Museo del Petróleo, inaugurado en 2015 con el mismo entusiasmo con el que se defiende a esta industria. Es un pequeño edificio que abunda en la historia del hidrocarburo, exponiendo algunos de los miles de derivados del petróleo que ni siquiera imaginamos. También en la historia geológica de La Lora, además de un recorrido por los protagonistas de su historia y en los métodos de extracción del petróleo del subsuelo, donde aún duermen más de sesenta millones de barriles, más del doble de lo que extraído.

APUESTA POR EL TURISMO

El descubrimiento del petróleo apenas evitó la despoblación de La Lora, que sigue amenazando la comarca y dejando en el olvido pueblos cada vez más desiertos. Tras el cierro definitivo de la planta, Sargentes buscó en la herencia del crudo su aliado para atraer el interés. Pero no solo. El municipio está situado en el Geoparque de las Loras, uno de los once geoparques que la Unesco reconoce en España. No es para menos, pues los tres requisitos que se exigen para optar a ese título -riquezas culturales, ecológicas y etnológicas- se despliegan con abundancia.

Solo en esta comarca hay una treintena de dólmenes, monumentos funerarios de losas de piedra y clavados en la tierra. El más importante de ellos está en Sargentes y atestigua que los asentamientos humanos se remontan hasta hace más de 5.000 años. Se llama La Cabaña y en 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural. La región no ha dejado de estar habitada y muchos de los legajos y documentos que se conservan dan fe de ello. También alguna de las edificaciones, como la ermita de Brañosera, construida en el siglo XVIII o la gran variedad de edificios románicos de los alrededores.

Al viejo testimonio humano se une la prodigiosa naturaleza que lo envuelve. En esta llanura infinita de leves vaguadas están el Cañón del Rudrón, afluente del río Ebro, o los bosques de roble que alguna vez cubrieron toda la meseta. Un conjunto de rutas diseñadas permiten recorrer los lugares de interés mientras el valle de Valderredible, separado por un corte abrupto de montaña, se expande en las llanuras de abajo.

Es la línea divisoria entre Cantabria y Burgos y está moteada por nidos de ametralladoras y refugios de la Guerra Civil. Sargentes eligió difundir su historia desde punto de vista humano, ya que el pueblo se encontraba entre las trincheras de los dos bandos. Hoy la vieja fuente de Domingo Manjón se sigue conservando como símbolo de esa fraternidad. Allí, cuentan, se encontraban los vecinos e incluso los hermanos que combatían en diferentes bandos.

VECINOS ILUSTRES

Poco después de brotar el petróleo, en Sargentes se multiplicaron los bares y las posadas. El espejismo duró poco y tiempo después se empezaron a cerrar los locales. Ahora, en sus calles apenas hay un restaurante llamado "Oro Negro" y el recuerdo del pasado, que siempre está presente.

A principios de este año se reabrió el albergue de Sargentes, un enorme caserón de piedra que organiza un amplio número de actividades al aire libre. Está ubicado en una de las escuelas que el padre Manjón, nacido en la aldea a mitad del siglo XIX, abrió por todo el país. Andrés Manjón fue un sacerdote y eminente pedagogo que adoptó una manera peculiar de enseñar mediante los juegos, como la rayuela. Su lema de enseñanza aquí sigue resonando con fuerza: "Educad enseñando, enseñad educando, y hacedlo jugando". Y aunque se trasladó a Granada y acabó abriendo las 300 escuelas del Ave María, nunca olvidó Sargentes de la Lora, donde abrió dos escuelas.

Desde que se apagó el chirrido de los balancines de petróleo, el silencio solo es interrumpido por los recuerdos en Sargentes. La fauna y las aves siguen revoloteando y los molinos de viento cortan el aire gélido. Ahora los reclamos se multiplican para atraer visitantes, no perder la memoria y difundir la peculiar historia de un sueño que al final no acabó por cumplirse del todo.

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