7 Nov 2019

EL PAIS, 7 Noviembre 2019. La que iba a ser la mayor subasta de petróleo del mundo ha dejado finalmente a Brasil con un sabor agridulce y a los inversores extranjeros, decepcionados. Aunque el Gobierno de Jair Bolsonaro ha logrado recaudar este miércoles 70.000 millones de reales (15.500 millones de euros) que las maltrechas cuentas públicas agradecerán, se ha quedado muy lejos de los 25.000 millones a los que aspiraba y, además, el capital extranjero ha dado la espalda al proceso. La estatal Petrobras se ha adjudicado la explotación de dos de los cuatro bloques ofertados del llamado presal, unas inmensas reservas de crudo y gas descubiertas en 2006 en aguas profundas, bajo una gruesa capa submarina de sal a lo largo de 800 kilómetros de la costa sureste de Brasil. Dos de las pujas han quedado desiertas y, a pesar de que hasta 14 empresas —entre ellas, gigantes del sector— se habían inscrito para participar, las de Petrobras han sido finalmente las únicas propuestas presentadas. Solo en uno de los casos, la firma brasileña se presentaba de la mano de dos compañías chinas —CNODC y CNOOC— que tienen una participación minoritaria.

La subasta, celebrada en Río de Janeiro, ha sido breve: ganaba la empresa que compartiera con el Estado brasileño un porcentaje mayor de los beneficios. La puja destacaba por su magnitud y también porque las áreas incluidas en la oferta ya habían sido exploradas por Petrobras. “Se sabe que hay bastante petróleo, que se puede ganar bastante dinero y que por tanto no existe tanto riesgo”, explicaba la víspera Mauricio Canedo, economista especializado en energía y profesor de la Fundación Getulio Vargas. Pero eso no ha bastado para convencer a petroleras de la talla de la británica BP, la francesa Total, las estadounidenses Chevron y ExxonMobil, la malasia Petronas o la angloholandesa Shell, que como prácticamente todas las petroleras extranjeras inscritas ni siquiera presentaron ofertas.

El petróleo del subsuelo brasileño es —por imperativo legal— propiedad del Estado. Las autoridades del país sudamericano cedieron en 2010 a Petrobras el derecho de producir 5.000 millones de barriles en las áreas del presal y años después los técnicos descubrieron que el tesoro era incluso mayor: en el fondo del Atlántico, frente a las costas del gigante sudamericano, había el doble o el triple de crudo. Ese extra es el que se subastaba este miércoles en el que Brasilia había considerado como el mayor proceso de este tipo. 24 horas después, este jueves, se celebrará otra licitación enfocada en zonas con mayor riesgo: aún no han sido exploradas y, consecuentemente, los precios serán menores. En este segundo tramo, en el que el Gobierno de Bolsonaro espera obtener 1.750 millones de euros, participará la española Repsol en consorcio con la china Sinopec.

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